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Se acercaba el día de los inocentes y había pensado en gastarle una broma a mi mujer. Tras sopesar varias ideas se me ocurrió una con la que me iba a reír un montón.

Mi mujer es medio recatada y, aunque en la cama no le falta imaginación y diversión, enseguida se corta delante de los demás. Tanto es así que no se pone nunca bikini para ir a la playa, y eso que tiene un cuerpo de chica playboy. Mide 1’80 y pesa 75 Kg, pelo moreno y largo, le llega por la cintura, facciones felinas, piel bronceada, pechos grandes y firmes, culo redondo y prieto, sus medidas son 100–63–85.

Debido a esa timidez, se me ocurrió que una buena broma para el día de los inocentes, seria meterla un pub liberal sin que se diera cuenta hasta que estuviera dentro. Una de esas salas donde hay gente follando por todas partes. Donde hay muchos hombres sedientos de sexo en una sala esperando a que llegue alguna mujer caliente para ofrecerse a ellos. Donde se ven parejas follando por las esquinas sin ningún tipo de pudor, y no solo parejas. Yo no pretendía hacer nada ni que lo hiciera ella, solo quería darle un susto y luego marcharnos de ahí, poco sabía yo lo que me esperaba.

Llegó el esperado día de los inocentes y le dije que la iba a llevar a cenar, pero que el lugar era una sorpresa. Pedí un taxi para poder hacer el paripé con ella y a medio camino del sitio le vendé los ojos diciéndole que no quería que viera el nombre del restaurante. Cuando entramos no pude hacer otra cosa que alucinar. La iluminación era más bien de discoteca, oscuro pero con algunos focos de colores que daban vueltas y que ayudaban a vislumbrar a la gente que hacía uso del local. Ante mi se abría una gran sala con una barra, un dj y una pista de baile. La pista estaba llena de gente bailando, sobándose por encima de la ropa, chicos con chicas, chicos con chicos, chicas con chicas, todo estaba permitido y a nadie le importaba lo que hiciera el otro. Al fondo había dos puertas cada una con un cartel "habitaciones" y "sala común".

Me acerqué a la barra llevando a mi novia del brazo, pues aún tenía los ojos vendados. Le dije que se esperara ahí un momento y que no se quitara la venda de los ojos para nada. Por suerte, el ruido de la música impedía que se escucharan las conversaciones de los demás que eran de lo más subidas de tono. Entonces me fui a terminar de inspeccionar el sitio, primero la sala común.

En ella había un montón de hombres, formaban grupos de 6 o 7 personas y cada grupo iba acompañado de 1 o 2 mujeres. Enseguida me quedó claro el propósito de esa sala, los hombres esperaban ahí, y de vez en cuando entraba una mujer para unirse a algún grupo de hombres y dejarse hacer lo que a ellos se les antojara. En una esquina se veía a una mujer con 4 tíos para ella sola, le tenían todos los agujeros del cuerpo tapados con sus miembros. En otra, había dos chicas comiendo pollas a más no poder, 10 u 11 chicos se iban turnando para follarse las bocas de esas dos muchachas que parecían disfrutar al 100%. En otra esquina había otra chica rodeada por muchísimos hombres, tantos que casi no se la veía a ella, ni mucho menos lo que le hacían. Fue entonces cuando decidí que la broma con mi mujer empezaría ahí, pero antes quería visitar el resto del local.

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Con un poco de prisa para que mi mujer no sospechara me metí por la otra puerta, en ella había un pasillo lleno de habitaciones cerradas solo por una cortina y en cada una de las habitaciones había una cama de matrimonio, espejos por todas partes y un grupito de gente follando. También había un segundo compartimento en cada una con un pequeño aseo con ducha. Al asomarme a una habitación para ver lo que allí sucedía, pude ver a una pareja. Él la estaba enculando salvajemente y al verme dijo:

- ¿Te apetece una mamada? a ella no le importa.

No podía desaprovechar el ofrecimiento, así que sin decir nada más me acerqué a ellos y puse mi polla en los labios de aquella preciosa chica que, como si fuera lo más normal del mundo, empezó a mamármela de una forma increíble. Tenía a mi novia esperando con los ojos vendados, así que les dije que me tenía que marchar y me fui para afuera con un calentón increíble.

Cuando llegué donde estaba mi novia, su mosqueo era notable, así que le dije que lo sentía y que había tardado tanto porque estaba acabando de arreglar detalles. La cogí del brazo y busqué el camino con menos gente para llegar a la sala común, no quería que ella se diera cuenta de nada de lo que pasaba ahí. Una vez llegamos al lugar, me limité a dejarla ahí de pié y con los ojos vendados. Mi idea era que los hombres que estuvieran solos se acercarían y en cuanto ella notara las primeras manos, saldría corriendo teniendo tema de risa durante mucho tiempo, pero lo que sucedió fue lo siguiente:

Dos chicos se acercaron a ella y sin decir nada empezaron a manosearla. Mi novia primero hizo ademán de sorpresa, pero una vez asimiló lo que pasaba, lejos de asustarse, devolvió las caricias. Uno de ellos intentó quitarle la venda de los ojos pero ella no quiso. Ante la negativa, empezó a desabrocharle la camisa, ya no hubo más resistencia por parte de ella. Yo estaba perplejo, dos desconocidos estaban sobando y desnudando a mi mujer y ella, no solo se dejaba, sino que no quería ni verles la cara. Dos hombres más se acercaron y fue cuando comprendí que ya era demasiado tarde para rectificar. La broma me había salido mal y ahora me tocaba pagar las consecuencias.

Cuando mi mujer se había quedado ya en ropa interior, la hicieron ponerse de rodillas y uno de los chicos le acarició la mejilla con la polla. Yo tenía la esperanza de que mi mujer no quisiera llegar más allá pero fue al contrario. Al notar ese palo duro y caliente en su cara, empezó a buscarlo con la boca hasta que lo encontró y empezó a lamerlo. Mientras, los demás seguían manoseándola y lamiéndola por todo el cuerpo. Uno de ellos le quitó el sujetador blanco de encaje mientras otro le quitaba el tanga a juego. Ese tío, todavía con el tanga en su mano, se tumbó bocarriba en el suelo y metió la cabeza entre las piernas de mi mujer. Ella, al notar la lengua húmeda abriéndose paso entre sus labios vaginales, soltó un gemido de placer sin quitarse la polla del otro de la boca. Ahora era él el que se la follaba por la boca mientras los otros dos le comían las tetas y el último saboreaba su húmedo coño.

El hombre que ocupaba su boca detuvo sus movimientos y, sin sacarle el miembro de la boca, anunció su corrida. Ante mi sorpresa, en vez de sacársela y seguir con la mano que era lo que hacía conmigo, mi esposa empezó a mamársela increíblemente rápido. Entonces fue cuando el hombre ese empezó a gemir de placer, su pene creció más aún y se puso a soltar chorros de leche que mi esposa se esforzaba por tragar. Eso, por lo visto, calentó más a mi mujer que se corrió en la boca del otro soltando grandes cantidades de flujo.

Entonces se cambiaron de posición, el que le estaba comiendo el coño, se levantó y le metió toda la polla en la boca sin ningún miramiento. Uno de los de las tetas se puso detrás de ella y la ayudó a ponerse a cuatro patas. Entonces acercó la polla al coñito de mi mujer y se puso a restregársela por toda su rajita. Después empezó a metérsela lentamente, saboreando cada centímetro de la cueva de mi esposa. El otro que estaba en las tetas, le cedió el sitio al recién corrido y se puso a turnarse la boca con el otro.

- ¿Estas solo?

Una voz femenina se oyó detrás de mí, me di la vuelta y allí estaban ¡Dos chicas idénticas! Altas, delgadas, rubias y de pelo largo, tenían unas tetas y un culo de infarto

- ¿Eh? Si.

Alcancé a decir. Y sin decir nada más, se rieron y se pusieron de rodillas delante de mí y empezaron a bajarme la bragueta. Una vez tuvieron mi polla a su disposición empezaron a lamérmela las dos a la vez, cada una por un lado. Yo no podía creerme la situación, tenía a dos gemelas comiéndomela mientras al lado mío, cuatro hombres se follan a mi mujer ¡Mi mujer! Por poco me olvido de ella.

Me giré y pude ver como seguía con su faena aunque los chicos habían cambiado de posición. Entonces algo distrajo mi atención de nuevo, una de las rubias se había metido mi polla en la boca, mientras la otra me comía los huevos. La verdad es que hacían un equipo excelente. Se iban intercambiando los lugares y me estaban dando un placer distinto a lo que había sentido yo siempre. Entonces escuché los gritos de placer de mi esposa de nuevo. Me giré y pude ver como tenía otro orgasmo. Esos gemidos tan sexys y apasionados excitaban a cualquiera, incluidos a los chicos que estaban con ella. Uno en la boca y el otro en el coño, empezaron a descargar su leche que chorreaba por ambos lados. Yo también me había excitado mucho con los gemidos de mi mujer y ayudado por las dos bocas que saboreaban mi falo. Entonces empecé a gemir de placer y mi leche salió sin remedio terminando en la garganta de una de las dos gemelas. Aun con mi leche en su boca, las dos gemelas empezaron a morrearse, compartiendo el elixir que les había dado. Volví a girarme y pude ver como mi mujer y sus acompañantes terminaban de tomar posiciones.

Los dos chicos que se habían corrido se apartaron un momento. Uno de los otros dos se tumbó en el suelo para que mi mujer se sentara encima. Una vez tuvo metido todo el palo en su agujerito, la agarró por la cintura haciendo que mi esposa cayera encima de él. Desde donde estaba, podía ver perfectamente el coño de mi mujer ensartado por ese desconocido. Mi sorpresa fue mayor cuando vi que el chico que aun no se había corrido ninguna vez se le acercaba por detrás. Yo creía que el culo de mi mujer era virgen, pero cuando vi la facilidad con la que esa porra entraba por ese agujero que tantas veces se me había prohibido enfurecí.

Hasta ahora me había resignado porque había sido yo quien había metido a mi esposa ahí, pero mi mujer nunca me había dejado darle por el culo porque decía que era virgen y le daba miedo. Si hubiera sido su primera vez, le hubiera hecho daño, pero lejos de eso, mi mujer disfruto cada centímetro de carne que se le colaba por detrás. Lleno de rabia, decidí que las dos rubias que aún saboreaban mis jugos me iban a servir para paliar el dolor que esa escena me causaba, así que me tumbé en el suelo y le dije a una de las dos que se sentara. Ella misma me cogió la polla y se la fue introduciendo lentamente en su almeja. Me sorprendí al notar ese agujero tan estrecho, esa chica sabía lo que se hacía. Contraía los músculos de su vagina apretándomela fuerte. Podía sentir el interior de esa chica envolviendo toda mi polla. Al ver que yo seguía pendiente de mi mujer, la otra chica se sentó en mi cara poniéndome su coño en mi boca. En ese momento solo podía ver esa almeja, así que saqué mi lengua y empecé a saborearla. Podía sentir como ese dulce pastelito llenaba mi boca, mientras mi polla llenaba el coño de su hermana gemela. Los gemidos de mi mujer quedaron ahogados por los de esas dos rubias y por un rato me olvidé completamente de ella. En ese momento empecé a disfrutar de verdad.

Seguía yo enterrado por ese par de monumentos idénticos cuando me di cuenta de que ambas empezaban a gemir mas fuerte ¿Hasta para eso eran iguales? ¿Iban a correrse al mismo tiempo? ¡Que morbo! Las dos comenzaron a moverse agitadamente, hasta que noté como los jugos de esas dos chicas salían a la vez. Tragué todo lo que esa chica me ofrecía mientras su hermanita daba brincos encima de mi palo como una loca llenándolo todo de su corrida.

Muy caliente, les dije que quería ver como hacían el 69. Obedientes, se pusieron en posición y empezaron a lamerse las respectivas vaginas. Me acerqué por detrás de la que estaba encima y puse la punta en el agujero de su culo. Empecé a meterla lentamente y podía sentir sus latidos en mi polla. Después de varios empujones, la metí en la boca de su hermana y me puse a alternar entre los tres agujeros que se me ofrecían, la boca, el coño y el culo. Estuve un rato así y me di la vuelta para hacer lo mismo en el otro lado.

Entonces me acordé de nuevo de mi mujer. Al girarme, pude ver como los cuatro tíos iban rotando alrededor de ella, follándose su boca y su culo por turnos. También me di cuenta de que ella no paraba de tener un orgasmo tras otro. Siempre había dos pollas metidas en ella, mientras los otros dos se masturbaban y la magreaban. Entonces me fijé que la gemela a la que estaba enculando se iba a correr y aceleré el ritmo, una vez terminó de correrse volví a dar la vuelta para follarme a su hermanita, que estaba arriba, y que se corriera también. Se la metí fuertemente por el culo y empecé a bombear. Los gemidos de ella no se hicieron esperar mucho y los míos tampoco, mientras la hermana tenía la lengua encajada en su coño. Ante tanta excitación, esa chica aceleró el ritmo, cosa que me excitó tremendamente y me puse a soltar toda mi leche en el culo prieto de esa chica mientras ella se corría. Tanto eché que la leche se salía del culo, cayendo en la frente de la otra gemela.

Una vez terminé y las dos hermanas se fueron, volví a prestarle atención a mi mujer. Ahora los cuatro hombres estaban a su alrededor de pie, y ella, arrodillada, les iba comiendo la polla por turnos. Uno a uno, empezaron a correrse dentro de su boca. Había tanta leche que caía por la comisura de sus labios y le resbalaba hasta sus enormes tetas.

Una vez los cuatro chicos le hubieron agradecido su trabajo, se marcharon. Entonces fue cuando ella se quitó la venda de los ojos y me buscó con la mirada. Me encontró de pie a unos dos metros, estaba desnudo y enfadado, pero con un empalme increíble. La visión de mi mujer tragándose cuatro corridas me había excitado de una forma increíble.

- Gracias cariño por este regalo tan maravilloso.

Me dijo resoplando. Mis ojos se abrieron como platos. Lo que yo pensaba que era una broma, ella se lo tomó como un regalo. Me contó que es algo que siempre había querido hacer pero que no se atrevía por su timidez. Al parecer, el hecho de que yo la trajera con los ojos vendados le hizo desinhibirse para cumplir su fantasía.

- ¿Y tu culo no era virgen?

Le dije yo enfadado.

- Lo siento. Hace tiempo me hicieron un desgarro por metérmela mal por el culo, por eso te dije eso. Pero ¿Porque tú no estabas?

- Yo estaba cumpliendo una de mis fantasías también... Tirarme a dos gemelas.

- Jajaja. Está bien. Te prometo que no volveré a negarte nada en temas de sexo.

- ¿Ah no? Pues sígueme.

Desnudos y sucios (yo solo de sudor, pero ella aún tenía los chorretones de leche en las tetas) nos fuimos a una habitación libre y nos metimos en la ducha. Pasamos el resto de la noche follando, a ratos solos y a ratos nos acompañaba alguien. Me corrí en todos los agujeros de mi mujer como para marcar el territorio.

Desde ese día nuestras relaciones sexuales son mejores que antes. De vez en cuando visitamos aquel paraíso del sexo y siempre hacemos lo mismo, empezamos la noche cada uno por un lado y luego nos juntamos y terminamos follando juntos. Una vez nos encontramos a las dos gemelas que esta vez habían venido con sus novios. Estuvimos follando los 6 en una habitación prácticamente toda la noche. Esa broma mal hecha fue lo mejor que me ha pasado en mi vida sexual.


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